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¿CÓMO COMENZAR A PREPARARTE PARA TENER UN HIJO?

Ser madre y padre, implica tomar decisiones,

desde mucho antes de convertirnos en tales.

 

Mi camino.

Soy Psicóloga, siempre he contestado así,  cuando me preguntan a qué me dedico, o al menos  así lo hacía, porque actualmente,  social y culturalmente este tipo de presentación tiene mayor peso e importancia que si contestas: Soy Madre, pero si contestas; Soy mujer en crecimiento espiritual porque me reconozco como mujer, esto sería, una presentación más íntima.

Mis credenciales profesionales me llevaron a vivir mi primer embarazo a un nivel de arrogancia por creer que sabía lo que pasaría y lo que sentiría. Gran error. Aunque me brindó seguridad, me alejó de mi primer elemento, el ser mujer, ya que dejé de lado la introspección, el instinto y la sensibilidad sobre lo que estaba viviendo.

Aunque sentí que algo  no había estado del todo bien  en mi primer embarazo y en el procedimiento que se usó para que mi hijo naciera (que fue una cesárea), no alcanzaba a vislumbrar que era con exactitud lo que sentía, solo eran sentimientos encontrados y de desconcierto, no tenía los elementos para interpretar mi realidad, fue hasta que, por la experiencia de una mujer muy cercana y querida, supe de la posibilidad de un parto en agua, de lo que experimentó esa mujer, y después otra y luego otra…cada una en su narración había coherencia, sentimientos de plenitud, había emoción, les encantaba hablar sobre el nacimiento de sus hijos. Yo no  tuve eso.

Como Psicóloga, me di a la tarea de investigar más sobre el tema, y comencé una etapa de descubrimiento, aprendizaje y profesionalización: me convertí en Educadora Perinatal y Doula.

Opciones + decisión = sabiduría o poder.

Esta etapa de descubrimiento entendí que hay puntos medulares, uno de ellos es saber sobre las OPCIONES que tenemos las mujeres para el nacimiento de nuestros hijos. Supe que principalmente lo que había marcado mi experiencia con insatisfacción y tristeza, era no estar informada, y por ello no supe de las OPCIONES, no pude elegir, solo me resigné.

Continué investigando, estudiando, comparando, y cuando llegó mi segundo embarazo, estaba fuerte, consciente, conectada, emocionada, para elegir, y elegí de todo a todo, desde la forma y hora de hacer ejercicio, hasta donde y con quien parir. Fue un ejercicio de desear algo,  tener la voluntad para buscarlo y tomar decisiones para que ello se lograra, fue también  ahí donde me di cuenta que fue vital la introspección, la sensibilidad y el instinto en este proceso.

La sensación de poder y energía fluyendo en mi cuerpo para darle la bienvenida a mi segunda hija, esa experiencia cálida de sentirla nacer,  de  tener un parto, tocarla, no soltarla, amamantarla y que descansáramos los tres juntos  -mi hija, mi esposo y yo- después del inmenso trabajo en equipo que hicimos, hizo que cada una de esas 15 o 20 visitas a ginecólogos y hospitales diferentes  valieron la pena porque encontré aquello que  quería.

Saber tus OPCIONES realmente te abre camino a la plenitud, te da la posibilidad de entender que tienes derechos, que puedes ejercerlos y exigirlos; te da un papel activo en tu vida.

Antes de maternidad, autovalidación.

Podríamos comenzar a hablar de lleno sobre maternidad, sin embargo, no debemos de obviar que ello implica que primero hablemos sobre lo femenino, este arquetipo que en años recientes está siendo investido por la transformación del inconsciente colectivo, la imagen de lo que las sociedades está creando sobre lo femenino está cambiando a tal velocidad que en tan solo en  40 años a nivel mundial se está creando un nuevo modelo de lo que significa ser mujer  pasando de generación en generación modificando estructuras sociales más rápido de lo que la propia mujer lo puede integrar a su fisiología, balance emocional y estructuras cognitivas.

Es así que se está instaurando una paradoja; “para ser mejores mujeres debemos de dejar ser mujeres”, permítanme explicarme;  Miranda Gray, en su libro Luna Roja (2002), nos da un ejemplo: “el ciclo menstrual se experimenta como un fenómeno pasivo del que solo se admite su aparición, se nos enseña que debemos enfrentar nuestra angustia y nuestras necesidades sin llamar la atención, puesto que todo ello forma parte de lo que significa ser mujer…”; ampliando con  más ejemplos:   se tratan los malestares de la menstruación con fármacos como si fuera una enfermedad y para que nadie se dé cuenta ni siquiera tu misma; se atienden los nacimientos como si se tratara de sacarte de la panza algo ajeno a ti; para ser una “mujer-profesionista exitosa” debes dejar la maternidad a otra persona porque ello no es compatible con tu trabajo. Así, podríamos continuar con más situaciones que en los nuevos tiempos, la sociedad dice que para ser mejores mujeres debemos de dejar atrás lo que nos hace diferentes a los hombres.

Vivir las características fundamentales de la mujer con una mayor comprensión y sensibilidad de su significado: fertilidad, salud, energía, transformación, debería de ser más fácil, solo depende de reconocerlo como parte de nosotros.

También hablar sobre lo masculino es indispensable; ya que es el complemento de lo femenino, con estas vertiginosas exigencias para ellos, sobre cómo vivir su sensibilidad y su encuentro con su poder, son referentes de lo que como sociedad seguimos construyendo en las mentes de nuevos seres nacidos.

Hablemos entonces en positivo; sobre ese viaje  de ser hombre y ser mujer; esta posibilidad de construirnos cada día en nuevos conceptos de lo que hemos aprendido, para que los límites de nuestras decisiones sean solo de nosotros y por ello seamos capaces de superarlos.

Y para poder comenzar bien: hay que tener voluntad.

Desde que nos sabemos embarazados, esta habilidad de sacar a flote nuestra capacidad para crear y creer en nuestra esencia masculina y femenina es vital para comenzar una etapa de evolución. Esto no es solo poesía, es un requerimiento esencial  para crearnos como padres. La psicología del desarrollo tiene en su haber infinidad de teorías que a los profesionales de la salud le son de gran utilidad para comprender como “solucionar o entender” conflictos, pero difícilmente los padres tienen acceso a ellas con la finalidad de “prevenir”  conflictos emocionales en sus familias, generalmente y a manera presuntuosa de un análisis personal sobre este punto; considero que se pudieran prevenir a partir de la aceptación y de la enseñanza de la voluntad, con ella podríamos encauzar nuestra energía para la transformación, el aprendizaje, la sensibilidad, y la autoconfianza, que si nos ponemos claros…son necesarias para tomar decisiones.

El tema de la voluntad, no es sencillo, y merece especial atención por lo que lo abordaremos a profundidad en una próxima ocasión,  sin embargo, lo que deseo realzar es que como mujeres, para vivir lo femenino y para vivir el embarazo necesitamos de ella, de la voluntad,  ya que es ahí donde se puede manifestar lo dueñas que somos de nosotras mismas reflejándose en el autocuidado, tener una adecuada alimentación, modificación de hábitos, pasando por una consciente elección del personal de salud, hasta algo mas sutil, como lo es: la disposición de conectarte con tu embarazo; a eso se le llama empoderamiento.

Reconozcamos que ser padres comienza antes de embarazarnos

Preparase para el embarazo, para el nacimiento de un hijo, cuando precisamente se está embarazada no deja de tener mérito e importancia, es necesario. Y es igual de importante comenzar desde que ni siquiera tenemos idea de embarazarnos, haciendo consciencia de como estoy viviendo e interpretando mi papel de mujer en el aquí y en el ahora, ¿qué gozo?,¿qué amo?, ¿en qué creo?, y por supuesto,  aprender a ponerle nombre a las emociones para poder reconocerlas y si no son tan agradables, hacer lo necesario para modificarlas.

Es decir, estoy hablando de un trabajo de autovalidación: me conozco, me acepto, evoluciono, identifico mis necesidades y deseos, busco los medios y actúo para cubrirlas, encuentro opciones y decido sobre ellas.  Ser padre y ser madre, te da la oportunidad perfecta para actuar de esta manera.

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Información del Autor

Claudia Fiesco

Licenciada en Psicología, certificada como Doula y Educadora Perinatal, ha dedicado más de 8 años a temas de embarazo y crianza.